En la grata penumbra de la alcoba todo, indecisamente sumergido y ella, desmelenada en el mullido y perfumado lecho de caoba;
tembló mi carne enfebrecida y loba, y arrobeme a su cuerpo repulido como un jazminero florecido una alimaña pérfida se arroba;
besé con beso deleitoso y sabio su palpitante desnudez de luna y en insaciada exploración, mi labio
bajo al umbroso edén de los edenes mientras sus piernas me formaban una corona de impudor sobre las sienes….