Vive en su mente una lengua que se apoya sobre el viento: De luciérnagas se nutre y ya sabe como el fuego, que posee cuanto nombra. Pero la huella del nómada sólo es un aroma, una palabra, acaso una canción que acude hasta el lugar donde se inicia la espiral del gran regreso. Así es el viajar del hombre, temeroso de sombras y evidencias: Para cruzar los desiertos, loco de amor trastorna la razón de las palabras. Y sólo existe cuanto mira, vive solamente aquello que en él se ilumina y crea.