Nada más tengo que decir, que vengan otros, si así quieren, a pescar en esta agua turbia. Yo he vuelto las espaldas al poniente.
Como una peonía de corola arrancada, miro el árbol gigante con asombro: Veo un hombre pender de cada rama. Yo no hubiera querido -¡no!- combatir aquí. Vosotros, insaciables de las guerras, ¡venid, gustad sus frutos!
Sobre el mapa, el Espíritu del Mal está inclinado, mordido en las entrañas de una sed insaciable de espacio y sangre joven. “¡Venid!”, aúlla, oscura, la boca del abismo.
Nada más tengo que decir. Hierven charcos de agua corrompida, a cada paso yace alguno, alguno del levante o del poniente.
¡Oh, hermanos míos, en mi sangre llora la historia de mi tiempo! 1942
Versión de Rafael Alberti y María Teresa León Ediciones Era, S.A. 1966