La naturaleza habla

La naturaleza habla

Cuando lloras, soy prado cuajado de rocío, cuando tú ríes, soy la más feliz cascada, a la noche, yo soy para ti luna nueva, soy viñedo, en otoño, de sazonado fruto. Si tú llamas, respondo lo mismo que la gruta con una voz en ondas repetidas; de cuanto tú me dices no olvido una palabra, hasta cuando parezco a veces estar muda. Cuando tu boca está cargada de amargura, sobre tu labio exprimo el dulzor de las flores; cuando tu corazón es un carbón, yo pongo en tu deseo los diamantes que cortan el cristal de las tinieblas que te cercan y hacen levantar una llama en las cimas de la nieve, para que al subir veas y oigas cómo se calla la eternidad velando tu camino cuando estás explorando el universo. Yo soy la cuna de tu infancia y soy la urna de la hora de la angustia, esa última que queda cuando del hoy te pasas al mañana. Sé tú el vuelo que sube de la arcilla, sé tú la antorcha que en sí misma arde, sé tú canto e impulso hasta el final, sé tú el alba sin desfallecimiento que escoge en su crepúsculo los nuevos ojos que miran ante sí guardando, sé tú venablo de estrellada punta que va el amor llevando por el mundo. Versión de Rafael Alberti y María Teresa León Ediciones Era, S.A. 1966