Libreta militar, diploma de doctor y algunos líricos tormentos. Sobre la colina, tranquilo, el molino de viento. El espejo del lago se ensombrece en la tarde. En una casa abandonada llama el mochuelo. Están lejos las estrellas. Frescor. ¡Qué gran dicha es a esta hora reunirse con los suyos a la mesa bajo la luz del quinqué! A un extraño que pasa ladra un perro. Solo. Incluso los caminos llevan a las tinieblas. Silencio. Con diamantes -las estrellas- rasgan el vidrio azul de la noche. y el campo está desierto. Un muro inacabado. El barbecho, perfume de cicuta. Aquí el maestro albañil no enterró un alma en los cimientos. Y mañana saldrán al sol los lagartos sobre las piedras calientes. ¡Mañana! ¡El sol! Aquí hay un hogar de fuego. Bajo cenizas, la brasa. Viejos ramajes avivan la llama. El pasado es un tronco abatido de árbol donde está sentado un hombre con el rostro iluminado por la llama. Con el rostro iluminado, un hombre espera el alba. 1955
Versión de Rafael Alberti y María Teresa León Ediciones Era, S.A. 1966