(Variante)
Yo quisiera dormirme, perdido en la noche. Condúceme en silencio al borde del mar.
No quiero ataúd rico, luces ni oriflamas, trénzame sólo un lecho de jóvenes ramos.
Que el sueño me sea dulce y el bosque cercano, que brille un cielo limpio en las hondas aguas.
Que del dolor brotando suban a la orilla, que a las rocas se abracen sus brazos de olas. Se levantan y caen murmurando siempre, mientras sobre los pinos resbala la luna.
Que nadie junto a mí llore en mi almohada, que la muerte haga hablar las hojas resecas.
Que el todopoderoso en el viento pase, que en mí el sagrado tilo sacuda su flor.
Y como no andaré nunca más errante, caerán sobre mí los tiernos recuerdos
que no sabrán que miro la inquietud del mundo mientras que las lianas mi soledad cubren.
Versión de Rafael Alberti y María Teresa León Ed. Seix Barral S.A. 1973