Ahora que todo vuelve: el silencio y la espera, las palabras que hemos guardado en lugar seguro todo este julio de viento y nostalgia. Ahora que todo vuelve: la tibieza del cuerpo aquietado y dócil bajo las manos amantes y aquel perderse en las tardes tranquilas, bosque adentro, por el tapiz crujiente de hojas de pino, ¿no es su valor este esfuerzo cálido y el quererse con certeza a solas, la dura voluntad de permanecer, presente ausente a la vez, sin pensar que el tiempo es un vacío sin límites?
Mujer: nada me cuesta decir tu nombre, aunque estés lejos. Lo escribo en las piedras y el agua, en la sombra acogedora de los árboles a la vera del río y en el comedor de casa. Sé que oirás mis palabras, porque llevas en las manos el signo de un tiempo nuevo, y has crecido en la esperanza de que alguien lo aceptara sin hacerte preguntas.
De “He heredado la esperanza” Versión de Adolfo García Ortega