Se hace, pues, inútil retomar aquellos versos que guardamos muchos años atrás e intentar adaptarlos al nuevo ritmo del tiempo. Quiero decir que, en conciencia, ya no puede decirse ahora caridad ni amor ni libertad como entonces. Envejecen los versos y la voz se nos deforma si no tratamos, tenaces, de entender que ha cambiado el sentido vital de las palabras. Es una pendiente fácil y resbaladiza, que no nos deja crecer. Para los que luchan siempre se hace corto el tiempo; los otros se extasían y protestan, airados, contra cualquier viento que agite el agua del pilón que los conserva. Y se mojan entre sí, displicentes, con las viejas palabras. Porque el juego consiste en sentirse siempre húmedo, convencido, inefable. De “Autobiografía” Versión de Adolfo García Ortega