Hoy, mucho menos que antes...

Hoy, mucho menos que antes…

Hoy, mucho menos que antes, no hay manos que inciten al lloro ni al desencanto; somos mucho más dóciles y la gente ya no nos grita por la calle. Todo se ha convertido de pronto en un gusto inédito por la armonía. Pero a menudo el pueblo ama sin saber lo que es justo; y todos nosotros somos de sangre y barro, de sangre de pueblo y barro de pueblo, y nos aterra, por mucho que lo callemos, la altivez de los jóvenes y el gesto, ¡oh maravilla! de los viejos tan dignos. Todo retorna ya a su fondo primigenio de ternura, y pronto incluso seremos alabados, no por lo que ahora hacemos sino por la inefable docilidad de antes que nos dignifica. De “El pueblo” Versión de Adolfo García Ortega