Gracias a ti...

Gracias a ti…

Gracias a ti cada uno de mis días es un mundo limpio y perfumado que huele a melón. Gracias a ti todos los frutos se ofrecen a mi mano como si yo fuera el sol. Gracias a ti sólo pruebo la miel de la esperanza. Gracias a ti late mi corazón. Gracias a ti mis noches más solitarias son como un kilim de Anatolia que sonríe desde la pared. Gracias a ti al final de mi camino, sin llegar a mi ciudad, he descansado en una rosaleda. Gracias a ti, no dejo entrar a la muerte que con sus cantos llama a mi puerta vestida con sus más sutiles ropajes y me invita al gran descanso.

29 de agosto de 1960

De “Últimos poemas 1959-1960-1961” Versión de Fernando García Burillo (Ediciones del oriente y del mediterráneo -Madrid 2000)