La noche fue un ataúd de fuego negro. Los rojos colores del amén de las oraciones se dieron allí sepultura.
En esos enraizados dientes de púrpura -Cabellos- y el cuerpo un árbol sacudido en viento espiritual oscura visión -este querubín de un día se encendió. Las llamas en la red arterial corrieron hacia su significado.
En las cenizas de resurrección sonó música.
Versión de Javier Tubía