Sudor y látigo

Sudor y látigo

Látigo, sudor y látigo.

El sol despertó temprano y encontró al negro descalzo, desnudo el cuerpo llagado, sobre el campo.

Látigo, sudor y látigo.

El viento pasó gritando:

  • ¡Qué flor negra en cada mano! La sangre le dijo: ¡vamos! Él dijo a la sangre: ¡vamos! Partió en su sangre, descalzo. El cañaveral, temblando, le abrió paso.

Después, el cielo callado, y bajo el cielo, el esclavo tinto en la sangre del amo.

Látigo, sudor y látigo, tinto en la sangre del amo; látigo, sudor y látigo; tinto en la sangre del amo, tinto en la sangre del amo