Maravilloso tener vino enamorado, Y pan amoroso en el horno para nosotros, Y una mujer, extenuada, a quien Le ha sido dado deleitarnos.
Qué podemos hacer con esta aurora rosada Que cobija los cielos helados, Donde reina el silencio y el sosiego celeste, ¿Qué podemos hacer con tantos versos ineludibles?
Ni comer, ni beber, ni besar. El instante vuela incontenible, Y aunque nos esforcemos Estamos condenados a pasar sin detenernos.
Somos como el niño que olvidando sus juegos Espía, a veces el baño de las muchachas Y sin saber nada acerca del amor Se atormenta con tantos deseos misteriosos.
Como otrora en los bosques tupidos Criaturas huidizas, bramando de impotencia, Presentían sobre sus hombros Las alas que aún no salían. De igual manera, siglo tras siglo, Bajo el escalpelo de la naturaleza y el arte, grita nuestro espíritu, desfallece la carne, Originando el órgano del sexto sentido.
Versión de Jorge Bustamante García