Yo conozco una mujer: el silencio, El cansancio amargo de las palabras, Vive en el centelleo furtivo De sus pupilas dilatadas.
Su alma ansiosa está abierta A la música metálica del verso. Ante la vida lejana y placentera Es sorda y altiva.
Sus pasos son extraños, Lentos e inaudibles, No se puede decir que sea bella Pero en ella encuentro mi felicidad.
Cuando necesito fortaleza Valiente y orgulloso la busco Para aprender de su tierna sabiduría Con todo delirio y languidez.
Ella es luz en las horas inciertas Sostén cuando todo parece perdido y sus sueños exactos son como sombras Sobre la arena ardiente del paraíso. Versión de Jorge Bustamante García