Hacia un país lejano y sin pecado ahora marcho. Ahora me acompañan ligeras criaturas con auroras en el cabello boreales y suave doradura en la epidermis. Por las hierbas avanzo, con la rodilla como proa y mi aliento expulsa de la faz de la tierra los ovillos últimos del sueño. Y los árboles marchan a mi lado, en contra de los vientos. Grandes misterios veo y extraños : Fuente, escondite de Elena. Tridente con delfín, la señal de la Cruz. Puerta blanca, la impía alambrada. Por donde he de pasar glorioso. Las palabras que me traicionaron, con bofetadas se hacen mirtos y palmas que repican ¡Hosanna el que viene! Como placer de frutas veo la privación. Sesgados olivares con un poco de azul entre los dedos los años de la ira detrás de los barrotes. Y playa ilímite, empapada en sortilegios de ojos bellos, el fondo de la Marina. Por donde puro marcharé. Las lágrimas que me traicionaron, con humillaciones se hacen brisas y pájaros sin tarde que repican ¡Hosanna el que viene! Hacia un país lejano y sin pecado ahora marcho.
De “Dignum est” 1959 Imprenta del Instituto Caro y Cuervo, Bogotá 1994 Versión del profesor Jorge Páramo Pomareda