Vinieron en vestido de “amigos” incalculables veces mis enemigos hollando el antiquísimo suelo. Y el suelo no se adhería nunca a sus talones. Trajeron al Sabio, al Agrimensor y al Colonizador, Biblias con letras y con cifras, toda la Sumisión y Prepotencia, dominando la antiquísima luz.. Y la luz no se adhería nunca a sus tejados. Ni siquiera una abeja se engañó para empezar su juego de oro y ni siquiera el viento, para henchir los blancos delantales. Levantaron sobre cimientos en las cimas, en los valles, en los puertos torreones poderosos y mansiones, barcas y otros navíos, las Leyes, que decretan lo bueno y conveniente, adaptándolas a antiquísima norma. Y la norma no se adhería nunca a sus conceptos. Ni siquiera una huella de dios dejó en sus almas rastro. Ni siquiera un reflejo de ninfas recogió su palabra. Llegaron en vestido de “amigos” incalculables veces mis enemigos ofreciendo sus antiquísimos regalos. Y no eran sus regalos sino fuego y acero. En los dedos que mantenían abiertos sólo fuego y acero y armas. Sólo fuego y acero y armas.
De “Dignum est” 1959 Imprenta del Instituto Caro y Cuervo, Bogotá 1994 Versión del profesor Jorge Páramo Pomareda