Sale al jardín cuando la aurora aclara, y envuelta en muselinas vaporosas, muestra a las rosas del jardín las rosas trémulas y encendidas de su cara.
Todo el jardín al verla se prepara a la oblación. Y hay voces misteriosas que, al pasar, la saludan jubilosas como si leve sílfide pasara.
La luz la besa; el aire es más sonoro; tiemblan las flores cándidas; el bando de las aves salúdala en un coro, y ella va, dando al sol el rostro blando, dando a los vientos el cabello de oro, y a los rosales sus sonrisas dando.
Versión de Miguel Rasch-Isla