Verde

Verde

Verde. Las hojas de geranio en la luz gris de la tormenta tiemblan, tensión de nervadura verde oscuro. Te mirabas las manos, nervadura de venas; si los dedos fueran deliciosos, decías. Al caminar apoyaba mi sien contra la tuya y en la noche escuchaba el ruiseñor y el graznido del pavo. Indiferencia de todo, oscuridad. Me llamabas con voz muy baja. Sólo un día reíste.

De “Ella, los pájaros”, 1994