Confidenciales
Más que cien Kaabas hechas de agua y tierra vale en la vida un noble corazón; en los países del mañana aferra cuantos puedas al propio corazón, y en las tierras del hoy, de un puro amigo adhiérete por siempre al corazón.
Deja ya de la Kaaba el falso abrigo, y corre al mundo en pos de un corazón. * * *
II.
Este rubí precioso fue extraído del fondo de una mina ignota y rara, y esta perla purísima y sin copia en seno oculto de la mar fue hallada…
Mas digo mal: ni mina ni océano de otras minas u océanos se apartan: Sólo el secreto del amor se expresa en lengua de los hombres ignorada. * * *
¿Que yo del vino soy devoto ciego? Y bien, lo soy. ¿Que soy infiel, idólatra del fuego? Y bien, lo soy.
Cada uno de mí en su idea fía; mas yo, dueño de mí, tengo la mía: Soy lo que soy. * * *
Mi pobre corazón de angustia herido y de locura, no podrá curarse de esta embriaguez de amor, ni libertarse de la prisión donde quedó sumido.
Pienso que el día de la creación en que el vino de amor fue al hombre dado, el que llenó mi copa fue esenciado con sangre de mi propio corazón. * * *
La rueda de los cielos rauda gira aun después de mi muerte y de la tuya; y porque nuestra pena no concluya, contra tu alma y mi alma ella conspira.
Ven sobre el verde césped, dulce Amor, reposa en mí tu frente pensativa; sólo nos resta una hora fugitiva de descansar sobre esta hierba en flor .
Después… vendrá otra hierba aún más fresca del suelo que de amor se fertiliza, cuando de tu ceniza y mi ceniza la nueva savia en su eclosión florezca.
VI.
Sí, yo sé, mi persona toda es bella, delicioso el perfume que ella exhala, el rosa mío al de la rosa iguala, mi línea al lado del ciprés, descuella.
Mas, con todo, esta incógnita me aterra: ¿Por qué mi alto Escultor me hizo de tierra?
Si de mi juventud es hoy la fiesta, la ofrendaré del alba hasta el ocaso, apurando a placer vaso tras vaso el viejo vino que a soñar apresta.
Si la halláis en sus heces escondida, no maldigáis, amigos, su amargura, porque fue su exquisita levadura esencia de mi sangre y de mi vida. * * *
Esta exhumada ánfora de arcilla fue en su tiempo lo que yo soy ahora: Un amante no amado, mas que adora, y de fe y de pasión es maravilla.
Y estas dos asas de su cuello erguido que al libador ofrécense, anhelante, fueron los brazos de un feliz amante… Y así quedó, y el vaso fue cocido…
Hoy ella vió del alfarero mago de vasos la magnífica teoría, de toda forma y toda edad, y había en todos ellos un misterio vago.
Su emoción al sentir, dijo el artista: -«Todos fuimos arcilla y éstos fueron reyes, poetas y amantes que murieron legando al sutil polvo su conquista».
«EI Espíritu, el vino de la tierra, busca en cada vasija al propio dueño, queriendo ansioso revivir su ensueño al contacto del vaso que lo encierra».
«Mira, toma esta copa, ya palpita al verte aproximar; no espere en vano el beso de tu boca o de tu mano, que un muerto amor por renacer se agita».
Y al acercar su labio, con su aliento cobró vida el Espíritu dormido; una palabra murmuró a su oído, y eran su misma voz, su mismo acento.
¡Ay! y el viejo Khayyám, un vivo muerto, canta el milagro de aquel muerto vivo, y se marcha en silencio, pensativo, a contar sus tristezas al Desierto. * * *
Amor que sólo vive en este mundo, fulgor de pensamiento no refleja, y como el fuego a medias extinguido ya no enviará calor hasta las venas.
Mas el amor que vive idea y alma y alcanza la recóndita belleza, ese no ve en los años, ni en los meses ni en los días y noches una tregua:
No ha de saber qué sean, ni el reposo, ni la serenidad, ni la fe buena, ni ha de nutrir la carne, ni habrá nunca noche en que el sueño a las pupilas vuelva. * * *
Arrebatada por la loca rueda de la fortuna caprichosa y vana, que sólo a los mediocres favorece, en angustia y dolor mi vida pasa.
Y en el jardín de las terrenas cosas mi alma como un capullo está cerrada, y como el tulipán de hojas de seda, en bautismo de sangre se consagra. * * *
Mi amor está en la cima de su llama, mi amada en el zenit de su hermosura, mi corazón desborda de ternura y ebrio de inspiración mi mente inflama.
Siento en mi alma desbordar los ríos de mis palabras y de mis canciones, y al querer modular sus expresiones, mudos siento temblar los labios míos.
Gran Dios ¿qué extraño caos en mí impera? Mientras por mí en rïente primavera fresca surgente de agua viva pasa, mas me consume de la sed la brasa. * * *
Ya es la estación de las rosas: El corazón renaciente, anuncio heráldico siente de libertades preciosas.
Tengo ideas primorosas, de locuras sed ardiente, desafiando irreverente del Korán reglas famosas:
En la dulce compañía de la dilecta alma mía libar el néctar carmíneo; y el resto, el suelo al ungir, tapiz rojo hará surgir para su pie apolíneo. * * *
¿Crees tú que en el alma del artista que un día ideó y cinceló la copa, puede nacer el demoníaco sueño de verla rota ?
¡Oh! tú no crees, como yo no creo, que la divina mente creadora quiera destruir lo que en deliquio sacro la mano forja.
Si es así, y las cabezas apolíneas, los brazos y las manos que la forma femenina hasta el éxtasis exultan, han de reunirse al polvo de la fosa.
¿Por cuál extraño amor fueron forjados, y por cuál odio vil son mutilados? * * *
Cuando la sed la lengua paraliza y el sol arroja chispas de su fragua, toda la tierra en coro diviniza la gota de agua.
Yo aplico el labio a la impregnada greda, bebo con ansia convulsiva y larga; y es la última gota -la que queda- la gota amarga.
El hambre fui a saciar de mis faenas, a consumir el pan de mi salario, mezclando con la sangre de mis venas todo mi ideario;
Lo impregné de la sal de los sabores, por propiciar los númenes felices, y la sal reabrió en sangrientas flores del corazón las viejas cicatrices.
2.- Éticas
La justicia es el alma de este mundo, y este mundo es su cuerpo y nada más; sus sentidos, los ángeles; sus miembros, las cosas en su inmensa variedad: Lo cierto es sólo la Unidad Eterna, mentira lo demás.
He visto un hombre que al huir del mundo halló su paz en tierra desolada: no fue un hereje ni un muzlim profundo, no tuvo bienes ni creencia en nada, ni en verdades, ni en dudas, ni en la muerte.
¿Quién en el mundo pudo ser más fuerte?
¡Oh, pobrecita alma mía! Si el llorar y el disolverte hasta la sangre y la muerte es tu condena sombría; si el alba de cada día te trae un nuevo tormento, dime, alma, tu pensamiento: ¿Qué has venido a hacer aquí, si no has de vivir en mí más que el lapso de un momento? * * *
¿Cómo queréis que los secretos míos con la misma confianza los revele a justos y a malvados y no vele por la intangible unción de mi ideal?
Yo no puedo a ignorantes y a impíos explayar gérmenes de pensamientos donde duermen terribles argumentos, que el gran misterio pueden develar…
Sé de un sitio en el cielo indescriptible: Y un secreto que dar me es imposible. * * *
No hay alma que no llore por tu ausencia, hasta fundirse en lágrimas de sangre; no hay ser vidente que al mirar tus gracias preso de sus hechizos no se encante.
Y al ver que tú por nadie te interesas, todos cautivos a tus plantas caen. * * *
Has recorrido el mundo palmo a palmo y todo aquello que en el mundo viste, es nada, nada;
Has sentido pasar como un ensalmo músicas y palabras: cuanto oíste, es nada, nada;
Al Universo todo lo has medido, y el Universo en su infinita anchura es nada, nada;
Por fin en el rincón te has escondido de tu alcoba, y ¿ qué vio tu desventura? ¡Nada, nada, nada! ***
Triste Khayyám, tu cuerpo es una tienda, y el alma que la habita es su Sultán; su horizonte, desierto y más desierto; la Nada, su final.
Cuando el Sultán la tienda ha abandonado sepultureros a destruirla van, y a alzarla en otra etapa del viaje que no acaba jamás. * * *
Fabricante de tiendas fue tu padre, y tú, Khayyám, ingrato al noble oficio, tras no sé qué ignorado beneficio, tiendas de ciencia te pusiste a hacer.
La Parca con sus fúnebres tijeras cortó en pedazos tu telar flamante… y luego, un baratero trashumante, «Por lo que den» los hubo de vender. * * *
¡Oh, Dios! tú eres piadoso: Misericordia y clemencia son tu virtud y tu esencia para este mundo afanoso.
¿Por qué a nuestro padre Adán del Edén echaste, cruel, si las que juzgaste en él culpas, en tu mente están?
Si por fiel perdón me dieras, no es tal tu piedad sublime: El perdón sólo redime al que es pecador de veras. * * *
¡Qué raudo el tiempo pasó de la ardiente adolescencia! La primaveral esencia del placer se evaneció.
De la Juventud el ave de plumaje bizantino, ¿Quién sabe cuándo aquí vino? Y cuándo se fue ¿quién sabe? * * *
¡Oh, mil veces dichosa alma del que pasó desconocido, que el djubeh del magnate no ha vestido, ni del soldado la derreh nudosa, ni del Sufi la estola pretensiosa!
¡Ah! pero él fue como el Simourg sagrado por el ideal al cielo levantado, en vez de sumergirse en las neblinas del mundo, como el búho entre las ruinas, y ser por sus escombros aplastado. * * *
Sé de ignorantes que jamás pasaron una vigilia en pos de una verdad, y más allá de sus carnales muros un solo paso no dieron jamás.
Pero son ellos los que visten toga y en aire de señores graves van; y son ellos los viles detractores del Puro, a quien jamás comprenderán. * * *
Toros los que a la tumba han descendido, en cenizas o en polvo se han disuelto; sus átomos sin liga, se han revuelto, y aquí y allí dispersos se han perdido.
¡Ah, Señor! ¿qué diabólico brebaje es éste que los hombres han libado, que en locos sin remedio se han trocado para ofuscarse más en su miraje?
Y así, del Gran Problema, ni un indicio tendrán, hasta que llegue el postrer juicio. * * *
Cuando Dios mi barro hacía y mi cuerpo modelaba, ya sabía, ya ordenaba todo lo que yo sería.
Y si un pecador he sido, Él parte en mi sino fue: Entonces, digo, ¿por qué en el infierno me ha hundido? * * *
Y ahora me voy a marchar, y será triste este día: de cien perlas que tenía sólo una pude engarzar.
¡Ay! de la vida al través, las ideas por miriadas, del hombre, deja ignoradas la ceguera o la estultez. * * *