la aurora. Lámparas que se encienden, esperanzas que se apagan: la noche.
que semeja un tulipán de primavera; consagra, a la risa de un adolescente, tu copa de vino, que recuerda su boca. Bebe, y olvida que el puño del dolor se abatirá bien pronto sobre ti.
¿es una voluta de perfume o el débil amparo que les dejó la bruma. Tu cabellera, caída sobre tu rostro, ¿es la noche que tus miradas van a disipar. ¡Despierta, amada mía, el sol dora nuestras copas! ¡Bebamos
y estén ya secas las fuentes de tu llanto, piensa en el césped que brilla tras la lluvia; cuando el resplandor del día te exaspere, y llegues a desear que una noche sin aurora se abata sobre el mundo, piensa en el despertar de un niño.
Una rosa, imagen de tu efímera belleza, deja caer con lentitud sus pétalos. ¿En dónde estarás ahora, tú que me ofreciste el vaso que no dejo de beber. Estoy seguro de que ninguna flor se deshoja cerca de aquél cuya sed apagas, y te ves privada del amargo placer con que sólo yo he sabido embriagarte.
No sé cómo no han tapizado mi jardín. Así como el cielo vuelca sus rosas sobre la tierra, vierto en mi copa el rosado vino.
En la sombra azul del jardín, besan también el rostro de mi amada. A pesar de la felicidad que tuvimos, no añoro el pasado. ¡Es tan honda la dulzura del presente!
procura ser feliz hoy. Coge un ánfora de vino, siéntate a la luz de la luna y bebe, mientras te dices que quizás mañana te busque, en vano, el astro de la noche.
en sus cantos, el ruiseñor. ¿Habrá que llorar por ellas o por nosotros. Cuando la muerte marchite nuestras mejillas, otras rosas se abrirán.
¿por qué la incertidumbre del mañana motiva tu ansiedad. Si eres prudente, goza el momento que pasa; lo futuro, ¿qué encerrará.
y nos pisoteará el destino. ¡Oh, mi pequeñuela! ¡Oh, mi preciosa copa! Levántate, y dame tus labios, antes de que me convierta en polvo.
Ten confianza, pues, de lo contrario, no dejará el infortunio de justificar tus temores. No te apegues a nada. No interrogues los libros ni a los hombres: él destino es inescrutable.
Faltamos a nuestros juramentos, y la deshonra nos es indiferente. Yo mismo, a menudo, obro como un insensato; mas tengo la disculpa de estar enamorado.
¿cuál es tu destino. Supongamos que hayas arrancado a la verdad todos sus velos, ¿cuál es tu destino. Supongamos que hayas vivido feliz cien años, y vayas a vivir aún cien años más, ¿cuál es tu destino.
no son sino palabras huecas como pompas de jabón. Irisadas o grises, esas burbujas son la imagen fiel de nuestra vida.
Unos la buscan afanosamente; otros dicen haberla encontrado ya. Mas un día una voz clamará: “No hay ruta ni sendero.”
La vana ciencia de los hombres: palabras. Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas: sombras. El fruto de tu continua meditación: nada.
mas la caricia de unas negras pestañas de mujer te revelará la felicidad. No olvides que tus días sobre la tierra están contados, y que bien pronto volverás al polvo. Trae vino, busca un lugar al abrigo de importunos, y deja que la vid te consuele.
Renuncia al esfuerzo vano de contar las estrellas. Medita más bien en esta verdad: habrás de morir, no soñarás más, y los gusanos de la tumba, o los perros vagabundos se disputarán tus despojos.
de la ignorancia; fueron, sin embargo, las lumbreras de su tiempo. ¿Su obra. Dijeron unas cuantas palabras confusas y se quedaron, después, profundamente dormidos.
de la naturaleza y las cinco facultades del hombre! ¿Dices que algunos filósofos griegos podían proponer hasta cien enigmas a sus oyentes. Mi indiferencia a este respecto es absoluta. Trae vino, coge un laúd, y deja que sus modulaciones nos recuerden las de la brisa que pasa como nosotros.
ni labios rojos ni vino perfumado; tampoco habrá ni penas ni alegrías, ni auroras ni crepúsculos. El universo se aniquilará, puesto que su realidad depende tan sólo de nuestro pensamiento.
la creación del mundo y la tuya, el destino del universo y tu suerte. Sonríe ante estos enigmas como ante un peligro que desdeñaras. No creas que lograrás saber algo al franquear el umbral de las tinieblas. ¡Paz a los hombres en el negro silencio del más allá!
o quienes no se preocupan por la sabiduría. He sondeado todos los enigmas del universo, y torno a mis soledades envidiando a los ciegos que encuentro en el camino.
Al recordar lo sabio que era, pienso en el agua que toma la forma del vaso que la contiene, o en el humo que disipa el viento.
y te debates entre dos infinitos: el pasado y el futuro! Quisieras poner entre ambos una mojonera y sentarte allí a descansar. Mejor es que busques la sombra de un árbol y un ánfora de vino, y trates de olvidar tu impotencia.
también olvidé muchas otras de buena gana. Tenía un lugar en mi cabeza para cada cosa: lo que estaba a la izquierda no podía hallarse a la derecha. Sólo alcancé la paz definitiva el día en que abandoné todo con desprecio y pude comprender, al fin, que no se puede afirmar ni negar nada.
lo mismo que el bien y el mal; para el sabio, todo lo que tuvo principio debe tener también fin. Considera, por tanto, si hay razón para que te alegres con la ventura que llega, o te entristezcas con la desgracia que no esperabas.
un día tu alma se desprenderá de tu cuerpo, y serás arrojado tras el velo que flota entre el universo y lo desconocido. Mientras tanto, sé feliz: no sabes de dónde vienes; ignoras a dónde vas.
en el que sólo puedes ganar dos cosas: el dolor y la muerte. ¡Dichoso aquél que expiró el mismo día de su nacimiento! ¡Y más dichoso aún el que no ha nacido!
Convertidos en polvo, flotan, en el molino que contemplas, Jamshyd y Kaikobad. El universo es un espejismo; la vida, un sueño.
Detén tu marcha y trata de ser feliz. ¿Por qué te afliges, pequeña mía. Dame vino; la noche se acerca.
colores y melodías; acaricia a todas las mujeres. Repítete que la vida es corta, y que bien pronto volverás al polvo, así seas el agua de Zemzem o de Selsebil.
locura; creer en el eterno reposo: locura. Después de la muerte, tu sueño será breve, y habrás de renacer en un puñado de hierba pisoteada por el viandante o en una flor que el sol marchitará.
qué subsistirá de mí cuando haya muerto. La vida es breve como un suspiro. Llamas que el viajero olvida, cenizas que dispersa el viento: he ahí la vida del hombre.
Ignoro quién te modeló; sólo sé que puedes contener tres medidas de vino y que mañana te romperá la muerte. Entonces me preguntaré, con mayor afán, para qué fuiste creado, por qué fuiste dichoso y hoy no eres ya sino un puñado de polvo.
no busques más un asilo seguro. Soporta con entereza el dolor y no suspires por un remedio que no has de hallar. Sonríe en el infortunio y no esperes de nadie una sonrisa: perderías el tiempo.
que mi juventud fue a reunirse con todas las cosas muertas. Yaces hoy, primavera de mi vida, junto con las primaveras de antaño. ¡Oh, juventud mía; pasaste sin darme cuenta! Te fuiste desvaneciendo insensiblemente, como la dulzura de la florida estación.
de algún campo florido. Si alguna hermosa doncella me ofrece entonces un ánfora de vino, no pienso en mi salvación: si tal cosa me preocupara, sería más indigno que un perro.
si los huéspedes se han quedado dormidos. Veo lo suficiente para notar su palidez. Así estarán, extendidos y yertos, en la noche del sepulcro. ¿Para qué encender las lámparas, si no hay aurora entre los muertos.
Quizás no sea la sangre de la vid, sino la sangre de las rosas. Tal vez la copa en que bebes no es sino azur congelado. Quizás la noche no es sino el párpado del día.
¡Toda la ciencia de los hombres por la suave fragancia del mosto fermentado! ¡Todas las canciones de amor por el grato murmullo del vino que llena nuestras copas!
Nuestro más viejo amigo es el vino nuevo. Acaricia con tus ojos y tus manos el único bien verdadero: el ánfora llena del jugo de la vid.
al poderío de Kaikhosru y a la gloria de Kaikobad, un ánfora de vino. Estimo al amante que gime de placer y desprecio al hipócrita que murmura una plegaria.
que es la sabiduría suprema, ¿mas quién se deleita con sus enseñanzas. En el borde de cada copa hay una máxima profunda que todos debemos saborear.
sin lograr ponerse de acuerdo sobre el ser y el no ser. ¡Hermanos míos en ignorancia: seguid gustando el zumo de la vid y dejad a esos hombres ilustres contentarse con pasas!
gozarás de una felicidad que no conoció Mahmud. Escucha las melodías de los amantes: son los verdaderos salmos de David. No te hundas en el pasado ni atisbes el porvenir. Que tu pensamiento no vuele más allá de la hora presente: he aquí el secreto de la verdadera paz.
¿Nuestro palacio. La taberna. ¿Nuestros fieles amigos. La sed y la embriaguez. Ignoramos la inquietud porque sabemos que nuestras almas, lo mismo que nuestras copas y trajes mancillados, no tienen que temer ni el polvo ni el agua ni el fuego.
Esta noche, tu boca es la más bella flor del universo. ¡Vino! ¡Vino rosado como tus mejillas! Y que mis remordimientos sean tan leves como tus rizos.
Son polvo con el polvo confundido. ¿Hablas de sus méritos. Mírame sonreír. Toma este ánfora y bebamos, escuchando, sin inquietudes, el vasto silencio del universo.
o de la mentira, mas ando siempre en busca de buen vino. Ha nevado en mis cabellos, y aprovecho la ocasión de ser feliz hoy porque mañana me faltarán las fuerzas.
la clara linfa del torrente. “No hay más Dios que Alá - dices - sólo Él lo sabe todo”. Entonces, al crearme, no ignoraba que tendría que beber. Si no lo hiciera así, fallaría la sabiduría de Alá.
que se ocultan para morir. ¡Vino! Escuchad mis bromas. ¡Vino, música, y tu indiferencia para mi tristeza, amada mía!
Si no estás enamorado, ¿cómo puedes gozar con la deslumbrante luz del sol o la suave claridad de la luna.
pues no dejo de beber vino de palmera. El amor me ha quitado la razón y deshoja el tiempo, sin piedad, la bella rosa que tenía.
causa envidia a las rosas silvestres! ¿Sabes que tus ojos aterciopelados han vuelto al rey de Babilonia semejante a un alfil que retrocede ante la reina.
te das cuenta de tu ignorancia y, sin embargo, no renuncias a amar. Deberías saber que Alá nos ha dado el amor como nos dio ciertas plantas venenosas.
y no sufrirás más. Si tu pena es muy honda, piensa en los seres que han sufrido antes que tú desde la creación del mundo. Busca una mujer de níveos senos y guárdate de amarla; y que ella sea también incapaz de amarte a ti.
y hacer después un examen de conciencia, o prosternarse en una mezquita, con el alma seca. No me interesa saber si existe un Todopoderoso o no, ni lo que pueda hacer conmigo, llegado el caso.
y permites que la belleza de tus criaturas nos deslumbre; podemos ser dichosos y pretendes que renunciemos a los goces de este mundo. ¡Mas esto es tan insensato como querer invertir una copa sin derramar el vino que contiene!
o a sentarme en algún jardín, bajo la sombra de un árbol. ¿Me inclinaré sobre un viejo libro?. Un pájaro cruza el espacio, ¿a dónde irá?. Ya lo he perdido de vista. Embriaguez de un pájaro en el azul tórrido! ¡Melancolía de un hombre en la fresca sombra de una mezquita!
rodéate de hermosas mujeres y acarícialas. ¿Dudas acaso?. Muchos creyentes, antes que tú, pronunciaron férvidas plegarias. Partieron ya, y ni siquiera sabes si Alá los escuchó.
Este grito del muecín se me antoja una enorme queja. ¿Será, acaso, que la tierra gime diariamente cinco veces ante la indiferencia de su Creador.
de las estrellas y las rosas, rompe tus lazos con los hombres y aléjate de todas las mujeres. No te acojas a nadie; no alivies ningún dolor ni participes en ningún festín.
ayer y no lo fuiste. ¡Qué importa, sé feliz! No eches de menos ninguna cosa ni esperes nada tampoco. Lo que ha de suceder, escrito está en el libro que hojea, al azar, el viento de la eternidad.
prefiero este trance doloroso al sino ineluctable que me fue impuesto el día de mi nacimiento. ¿Qué es la vida. Un bien que me confiaron sin pedirlo, y que habré de volver con indiferencia.
Mañana, el sol bañará la ciudad silenciosa. Los vinos dormirán en las ánforas y las doncellas en la sombra de la espesura.
agitada por la brisa, y el ruiseñor le canta un himno apasionado; una nube se detiene. Bebamos, y olvidemos que la brisa deshojar á la rosa, se llevará el canto del ruiseñor, y arrastrará la nube que nos brinda su sombra.
no verás sino desolación y angustia. Tus mejores amigos han muerto y la tristeza es tu sola compañía. Mas levanta la cabeza y extiende tus manos: coge todo lo que desees y puedas conseguir. El pasado es un cadáver que debes sepultar.