Autor desconocido
Coge dos ramas de sándalo: haz con una de ellas un laúd y deja que la otra te perfume.
En el aire de cristal se desgrana el canto del último ruiseñor… El aroma del vino es más suave… ¡Y pensar que hay insensatos que en esta misma hora sueñan con riquezas y distinciones! ¡Qué sedosa es tu cabellera, amada mía!
y les dice que ya las violetas desplegaron su espléndido ropaje, sólo es digno de vivir quien contempla a una joven dormida, coge su copa, la apura, y la arroja después.