XVI. Lo único eterno

XVI. Lo único eterno

Abre para mí tu puerta pues Tú sólo abrirla puedes, porque Tú sólo concedes la gracia de verla abierta.

Tú el sendero me mostraste de llegar a redimirme: Y si no puedes abrirme, ¿para qué a Ti me llamaste?

Al ofrecerme su ayuda muchos son los que te invocan; mas mi rebelión provocan; mi fe contra ellos me escuda.

Sólo ante Ti me prosterno; sólo en tu auxilio confío; todo muere en torno mío: Sólo Tú eres Eterno. * * *