XVII. Problema insoluble

XVII. Problema insoluble

Pusiste en mí pasiones indomables y un deseo tenaz que me devora; su imperativo impúlsame a saciarlas, pero lo vedan tus sagradas normas.

La pobre humanidad vacila y gime entre los dos extremos de tu dogma: Tú le prohíbes derramar el vino, ¡pero le ordenas inclinar la copa! * * *