XVIII. El goce vedado

XVIII. El goce vedado

¡Oh!, nunca lo pensaste, ¿por qué al abrir la puerta de su rosal la aurora, canta alektrión su alerta? Es que quiere advertirte que otro día ha pasado, y en la misma ignorancia el nuevo te ha encontrado.

Y cuando ella te asesta la luna de su espejo y encandila tus ojos el vívido reflejo, es que quiere enseñarte que el instante vivido en error y atonía, fugaz te ha envejecido.

Si aún te resta un átomo de lucidez, procura refugiarte en el éxtasis de la belleza pura: Acaso de la mano del inmortal copero puedas beber un sorbo del vino verdadero.

¡Ah!, pero tú eres ciego de toda humana ciencia; tu alma no percibe del éxtasis la esencia, y al preferir la copa de la terrena orgía hará una eterna nube de la noche y el día. * * *