A este triste animal que me soporta le duele el vuelo de mi espíritu, la sagacidad de mi garganta que huye de la soga, la escueta salud de mis microbios, el juego lúgubre de mi carne. La recolecta está hecha, la oreja de Van Gogh, para un poema de agua y de dolor, un rayo de sol para mi ombligo. Todos me dieron la palabra plena de sutiles formas, todos me dieron el ayuno pleno de sus bocas, ahora, mis brazos fatigados recogen las flores funerarias esparcidas en mi alcoba.