Poema agonizante

Poema agonizante

Déjame agonizar en el centro de tu carne. Delgada casi etérea aparezco como en una sesión de espiritistas para translucir mi pesadilla. He terminado mi ronda, entre purpúreas vasijas oxidando mi garganta, recogiendo el vuelo de los pájaros, exhibiendo milímetro a milímetro mi cuerpo, desplegando mis olores. Mi tiempo no medido por relojes corre húmedo, grasiento a finalizar la curva peligrosa. En el antiguo espejo de mi casa de arcilla ya no veré mi rostro tatuado por el agua.