Y vi que los carniceros al tercer día, al tercer día de la tercera noche, comenzaban a florecer en los cementerios como brumosos lirios o como líquenes.
Y vi que los carniceros al tercer día, llenos de tordos que eran ellos mismos, volaban persiguiéndose, persiguiéndose, constelados de azufres fosforescentes.
Y vi que los carniceros al tercer día, rojos como una sangre avergonzada, jugaban con siete dados hechos de fuego, pétreos como los dientes del silencio.
Y vi que los perdedores al tercer día, se reencarnaban en toros, cerdos o carneros y vegetaban como animales en la tierra para ser carne de las carnicerías.
Y vi que los carniceros al tercer día, se están matando entre ellos perpetuamente. Tened cuidado, señores los carniceros, con los terceros días de las terceras noches.