Con vos quería hablar, hijo de la grandísima. Ya me tienes cansado de tanta esquividad y apartamiento, con tus significantes y tus significados y tu látigo húmedo para tiranizar mi pensamiento. Ahora te quiero ver, hijo de la grandísima, porque me marcho al tiro al país de los mudos y de los sordos y de los sordomudos. Allí van a arrancarme la lengua de cuajo: y sus rojas raíces colgantes serán expuestas adobadas en sal al azote furibundo del sol. Con vos quería hablar, hijo de la grandísima.