Una noche en el café Berlioz

Una noche en el café Berlioz

Yo he visto su cara en otra parte le dije cuando entró en el Café Berlioz

Soy de otra dimensión contestó sonriendo y avanzó hacia el fondo del salón

Ella finge escribir en su mesa de mármol pero me observa de reojo

Desde mi mesa veo su cuello desnudo

Como un aerolito cruzó mi mente el rostro de Muriel mi amante muerta

Usted es zurda le dije acercándome Hacemos la pareja perfecta

Tomé su lápiz y escribí “te amo” con mi mano derecha en la servilleta

Rey del lugar común respondió sin mirarme mientras le echaba azúcar al té

Me ha clavado una estaca en el corazón Me ha lanzado una bala de plata Me ha ahorcado con una trenza de ajo

Volví confundido a mi mesa con la cola de diablo entre las piernas

En este punto las sombras de los clientes pagaron y se fueron del Café Berlioz

Váyanse espíritus les dije furioso agitando mi paraguas chamuscado

¿Hay alguna Muriel aquí? gritó la mesera desde el umbral

Cuando ella caminó hacia la puerta vi que tenía una rosa en la mano

Por favor tráiganme la cuenta que ya está por salir el sol

La lluvia penetra por los agujeros de mi memoria

Muriel Muriel ¿por qué me has abandonado?

Aquí estoy otra vez de vuelta en mi cuarto de Iowa City

tomo a sorbos mi plato de sopa Campbell frente al televisor apagado

la pantalla refleja la imagen de la cuchara entrando en mi boca.

Y soy el aviso comercial de mí mismo que anuncia nada a nadie.

En el jardín había unas magnolias curiosísimas, oye, unas rosas re-raras, oh, y había un tremendo olor a incesto, a violetas macho, y un semen volando de picaflor en picaflor. Entonces entraron las niñas en el jardín, llenas de lluvia, de cucarachas blancas, y la mayonesa se cortó en la cocina y sus muñecas empezaron a menstruar. Te pillamos in fraganti limpiándote el polen de la enagua, el néctar de los senos, ves tú? Alguien viene en puntas de pie, un rumor de pájaros pisoteados, un esqueleto naciendo entre organzas, alguien se acercaba en medio de burlas y fresas y sus cabellos ondearon en el charco llenos de canas verdes. Dime, muerta de risa, adónde llevas ese panal de abejas libidinosas. Y los claveles comenzaron a madurar brilloso y las gardenias a eyacular coquetamente, muérete, con sus durezas y blanduras y patas y sangre amarilla, aj! No se pare, no se siente, no hable con la boca llena de sangre: que la sangre sueña con dalias y las dalias empiezan a sangrar y las palomas abortan cuervos y claveles encinta y unas magnolias curiosísimas, oye, unas rosas re-raras, oh.