Fabien dei Franchi

Fabien dei Franchi

A mi amigo Henry Irving

La silenciosa estancia, la pesada sombra avanzando furtiva, los muertos inmóviles viajando, la puerta que se abre, el hermano asesinado que levita a través del piso, los blancos dedos del fantasma posados en tus hombros y luego, el duelo solitario en el valle, las rotas espadas, el ahogado grito, la sangre, tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado. Están bien esas cosas; ¡pero tú fuiste hecho para más augustas creaciones! Lear enloquecido debería a tu arbitrio vagar por el brezal nativo con el tonto ruidoso que se mofa; Romeo por ti atraería su amor, y el miedo desesperado sacaría de su vaina la daga cobarde de Ricardo. ¡Tú, presto instrumento al soplo de los labios de Shakespeare!