Hay paz para los sentidos, una paz soñadora en cada mano, y profundo silencio en la tierra fantasmal, profundo silencio donde las sombras cesan.
Sólo el grito que el eco hace chillido de algún ave desconsolada y solitaria; la codorniz que llama a su pareja; la respuesta desde la colina en brumas.
Y súbitamente, la luna retira su hoz de los cielos centelleantes y vuela hacia sus cavernas sombrías cubierta en velo de gasa gualda. Versión de E. Caracciolo Trejo Edición de Libros Río Nuevo 2001