El pecado fue mío; yo no había comprendido. Así de nuevo la música aprisionada está en su cueva, excepto ese lugar donde ola irregular y moribunda impacienta con sus inquietos remolinos esta magra ribera. Y en el pozo marchito de esta tierra el verano ha cavado una tumba tan honda que apenas puede el plomizo sauce ansiar una plateada flor de la afilada mano del invierno.
Pero, ¿quién es aquel que por la ribera viene? Amor, mira y pregúntate. ¿Quién es ése que viene con vestidos teñidos desde el Sur? Es tu nuevo Señor, que besará las no violadas rosas de tu boca, y yo he de llorar, he de adorar, como antes. Versión de E. Caracciolo Trejo Edición de Libros Río Nuevo 2001