A Sarah Bernhardt
Qué vano y qué tedioso nuestro mundo ordinario parecerá a alguien Como tú, que en Florencia habrías conversado con Mirandola, o caminado entre los frescos olivares de Academos: habrías recogido cañas de la verde corriente para la aguda flauta de Pan, pies de cabrito, y tocado con las blancas niñas en el valle Feacio donde el grave Odiseo de su profundo sueño despertara.
¡Ah!, en verdad, una urna de ática arcilla 4 guardó tu polvo pálido, y has venido otra vez a este mundo ordinario, tedioso y vano, fatigada de los días sin sol, de campos rebosantes de asfódelos insípidos, de labios sin amor, con que besan los hombres en el Infierno. Versión de E. Caracciolo Trejo Edición de Libros Río Nuevo 2001