Portia

Portia

A Ellen Terry

Poco me maravilla la osadía de Basanio de arriesgar todo lo que tenía al plomo, o que el orgulloso Aragón bajara la cabeza, o que Marroquí de corazón en llamas se enfriara: pues en ese atavío de oro batido que es más dorado que el dorado sol, ninguna mujer que Veronese mirara era tan bella como tú a quien contemplo. Aún más bella cuando con la sabiduría por escudo al vestir la toga severa del jurista y no permitieras que las leyes de Venecia cedieran el corazón de Antonio a ese judío maldito. ¡Oh Portia!, toma mi corazón: es tu debido pago; no he de objetar a ese aval. Versión de E. Caracciolo Trejo Edición de Libros Río Nuevo 2001