Detúveme junto al mar inmemorial hasta que el rocío de la olas cara y cabellos empapara; los rojos fuegos luengos del día agonizante ardían en el Oeste; soplaba el viento horrible y huían hacia tierra clamorosas gaviotas: «¡Ay!» grité, «mi vida llena está de dolor, ¿quién puede cosechar fruto o grano dorado de estos páramos que sin cesar duramente trabajan?» Mis redes se abrían enormes con roturas y fallas; sin embargo, como un último esfuerzo, en el mar arrojélas y aguardé el final. Entonces, ¡oh gloria súbita! de las aguas negras de mi pasado torturado vi el esplendor argénteo de blancos brazos ascender!
Versión de E. Caracciolo Trejo Edición de Libros Río Nuevo 2001