Intención apagada

Intención apagada

Llego y toco una mano y la mano que toco tiene dudas. Vengo y veo unos ojos y los ojos que veo tienen llanto. Pregunto por nadie y me responde la ceniza con su enlutado lenguaje. Y cuando quiero volver corriendo locamente hacia los ojos azules que me llaman, el alma se me enreda en las torres de la muerte, donde sombras amigas abren sus manos hacia el tiempo. Digo luego una palabra amable y nadie escucha mi voz acostumbrada al tulipán y acostumbrada al viento.

Debo gritar, no hay duda. Seguir gritando, reciamente hasta que vengan ,a buscarme para negarme la cascada luminosa de la vida.

Extraído de “Poesía” Casa de las Américas, 1989