I Juntos hemos visitado esta tarde una vieja taberna en las orillas de Berlín, amor mío, y juntos hemos visto, desde dentro, el inicio afanoso de la lluvia, llenándose de calle y ventana.
II Todavía oigo ahora cómo hablan tus manos con las mías sobre nuestra mesa, en donde un tulipán recuerda aún el alba de su día más amargo, y canta su color sin ninguna reserva de ternura, seguro como está que pronto habrá dejado de vivir. En las mesas vecinas, los hombres ríen y cantan. Cada quien le da la forma que quiere a su alegría. Una mujer, sola y hermosa bebe un tardo café, mientras el sol se impacienta en el pecho de su claro coñac. Una pareja de adolescentes suaves, siguen atentamente el vuelo común de nuestros labios, vida mía, y seguramente no olvidarán toda su vida ese recuerdo.
III Cuando salimos de la vieja taberna, el celo de la lluvia y el viento nos golpea hondamente el rostro. No damos importancia a tal suceso, porque aún ignoramos que después solo serán el viento y la lluvia los que nos acompañen por el mundo cuando la vida, mi áspera vida, nos separe.
IV Ahora, amor mío, regresamos al centro de la gran ciudad. Mientras tanto, tu felicidad se abraza largamente con la mía hoy, día miércoles de junio, en el Berlín que amo y llevo en mí porque en mí también residen para siempre tus pupilas, vida mía.
Extraído de “Poesía” Casa de las Américas, 1989