Tu madrugada, Patria

Tu madrugada, Patria

Así concibo yo a mi patria, que otros la conciban como quieran

Anduve viajando muchos años por el mundo, con el lucero de tu nombre en los ojos.

Y no hubo una sola mañana, que se fuera sin algo de lo tuyo. Cuando el alba llegaba, ya estabas repartiendo tus gestos, extraños y lejanos, desde la oscura colina de mi rostro.

“¿Por qué la quieres tanto, me decían, si es amarga y cruel como el alma de un basta? ¿Por qué, si es tan chiquita y tan hambrienta, que en ella a uno sólo le queda por delante la ardua tarea de morirse?

Pero yo siempre respondía, que te quiero tanto, porque aún sumido en la tiniebla oyendo el largo llanto de tus hijos, no puedo ignorar que detrás de mí comienza, en verdad, tu madrugada.

Luego te alegrabas en el fondo de mis ojos, y volvías tu rostro con ternura, tal vez en busca ya de los hijos que están todavía por venir. Extraído de “Poesía” Casa de las Américas, 1989