Aventurero

Aventurero

Oriente de cobre duro, fino y ensangrentado, de tiempo a tiempo tendido de mundo a mundo.

¡Voluntad!

Soy el hombre de la danza oscura y el ataúd de canciones degolladas; el automovilista lluvioso, sonriente de horrores, gobernando la bestia ruidosa; el tallador en piedra de catedrales hundidas: el bailarín matemático y lúgubre. coronado de rosas de equilibrio; el vendedor de abismos, trágico, dt cabellera de ciudades y un canto enorme en la capa raída.

Tren nocturno con ]as hojas marchitas y un vientre humoso.

¡Ay! cómo aúllan en la tierra cóncova y madura mis leones muertos… Voy de estrella en estrella acariciándole los pechos violados a las guitarras. con mi mano única; ¡oh! jugador, agarro mi gran rueda de espanto, despernancada, y la arrojo contra las estrellas, arriba del cielo, más arriba del cielo que no existe.

Y suelo estarme cuatro y cincn mil lunarios, como un idiota yiejo, jugando con bolitas de tristeza, jugando con bolitas de locura que hago yo mismo manoseando la soledad; entonces me río, con mis 33 dientes, entonces me río, entonces me río, con la risa quebrada de las motocicletas, colgado de la cola del mundo.

La campana negra del sexo toca a ánimas adentro de mi melancolía, y una mujer múltiple y una múltiple y una como un triángulo de setenta lados y muchos claveles. se desnuda multiplicando las heridas sobre mis mundos quemantes y llenos de senos de mujeres estupefactas.

“Agonal” 1925