El mundo no lo entiendo, soy yo mismo las montañas, el mar, la agricultura, pues mi intuición procrea un magnetismo entre el paisaje y la literatura.
Los anchos ríos hondos en mi abismo, al arrastrar pedazos de locura, van por adentro del metabolismo, como el veneno por la mordedura.
Relincha un potro en mi vocabulario, y antiguas norias dan un son agrario, como un novillo, a la imagen tallada.
Un gran lagar nacional hierve adentro, y cuando busco lo inmenso lo encuentro en la voz popular de tu mirada.