La noche inmensa no resuena, estalla como un bramido colosal, retumba con un tremendo estruendo de batalla que saliera de adentro de una tumba.
Fué un pedazo de espanto que restalla o una convicción que se derrumba, una doncella a quien violó un canalla y una montura en una catacumba.
Calla con un lenguaje de volcanes, como si un escuadrón de capitanes galopara en caballos de basalto.
Porque el silencio es tan infinito tan espantoso y grande como un grito que cae degollado desde lo alto.