Tanto tiempo en silencio, tantos días juntos sobre el jergón encarnizado, sobre el ara o caverna de la cama que altas cortinas, como altivos muros, defendían de gritos y de música. Amablemente preso te tenía amor de seda y garra leonada, inerme animal capturado en incendiados bosques venatorios. Mas en tus ojos un oscuro brillo forestal, un latido bronco y libre me decían que no es lo suficiente- mente espesa la red entretejida, como nupcial velambre o madriguera, ni la llave de oro y la carlanca seguros contra el odio del vencido. Así un día te fuiste y los perros ladraron a tu muerte entre la niebla, entre el olvido, pájaro de lágrimas. …Por las torres de Córdoba llovía… Vuelves ahora en altas madrugadas de recién lluvia, a encender los cirios, ceremonial augusto del recuerdo, por mi noche que alúmbrase en lo hondo de nueva luz, oh lívidos puñales levantados, fantasmas fulgurantes, cartas, fotografías, siemprevivas, volved a vuestras vainas, a los féretros silenciosos que arrastra la corriente. Junto a los olas yo también soy libre.