Galán

Galán

Aquí está ya el amor. La luna crece en el espacio virgen. Desnudo, el desvelado hacia la aurora siente resbalar por su cuerpo un agua de sonrisas. Los álamos palpitan de finos corazones y lento va el cortejo de los enamorados suspirante en la noche, deshojando el jazmín de las vihuelas. Una mano enjoyada de anillos y serpientes hunde sus uñas sabias de placer en los durmientes núbiles y fría en su belleza la alta madrugada respira en las glicinas.

Él piensa: “Ah, caminar a solas bebiendo tu embeleso por el vientre sombrío de la playa donde el mar, a nuestros pies descalzos, rompe en astros su voz amarga y su desdén. Un rumor de guitarras perezosas en los puertos azules donde la palma florecida mece, ebria, su danza lánguida nos dirá que el amor es tan sólo un sorbo de verano. Viviremos bajo un dolmen de yedras y de lluvias en las suaves colinas enrojecidas de frutos y la dicha fugaz apartará sumisa para vernos los pámpanos silvestres dorados por el ala de los abejarucos. Ah, morir, quiero morir con tu nombre en mis labios.”

La noche unge con sus sacros óleos los ojos del amante. Juglares y doncellas que ofrecían manzanas de amor entre columnas duermen bajo una brisa de besos que deshace sus cabellos floridos y sólo el ruiseñor, el príncipe nocturno, asciende por las altas graderías de la luna y en su pluma suave una rosa de láudano crece esparciendo olvido.

El piensa entre los sueños:

“Quiero morir cantando junto al mar”.