Inmóvil permaneces Annelein, con un algo de sirena encendida, cuando creíamos haber desvelado tu secreto. Nadie tiene tu rostro -Annelein-. Nadie percibe qué paisaje te mira de frente. Ya no hay desolación en torno a tus ruinas, ni invencible pudor en torno a tu desgracia. Tu resignación explica el número de tus desventuras y una tristeza impar nos devuelve tu rostro. Nadie sabe Annelein que has muerto, a pesar de todas las ceremonias. De “Contemplación del destierro” 1982