No alcanzaré la curva matriz de los deseos, desovillada lamentación de la carne. No alcanzaré la certidumbre del día, ni el pie fantástico del dolor impaciente. Cuando el mar me contempla siento que la roca penetra mi carne. Siempre hay un nombre, que hace posible la alegría mientras los cánones de la belleza acarician la estatua. El mismo nombre, que desarmó la inocencia, podía hacer ingrata la ausencia. El mismo nombre que nos conduce, nos pierde en nuestra audacia. Largo es el tiempo de la meditación frente al silencio, cuando la meditación es sólo un nombre. Annelein es más cierta que la voz que la calla. Pero Annelein no es un nombre. Indica la transparente vicisitud del agua. Annelein es un lamento, que puede significar también un sobresalto. De “Contemplación del destierro” 1982