Para René Char
A la cadena atada entre oro y olvido: la noche. Ambos quisieron prenderla. Ambos consintió en su hacer.
Pon, pon también ahora allí lo que quiere albear del crepúsculo junto a los días: la palabra sobrevolada de estrellas, sobrebañada de mar.
A cada uno la palabra. A cada uno la palabra que le cantó, cuando la jauría le atacó por la espalda - A cada uno la palabra que le cantó y quedó helada.
A ella, a la noche, lo sobrevolado de estrellas, lo sobrebañado de mar, a ella lo logrado al silencio, cuya sangre no cristalizó cuando el colmillo del veneno traspasó las sílabas.
A ella la palabra lograda al silencio.
Contra las otras que pronto, prostituidas por las orejas de los desolladores, también trepan por el tiempo y los tiempos, testimonia por último, por último, cuando sólo cadenas resuenan, testimonia por la que allí yace entre oro y olvido, hermana de ambos de siempre -
¿Pues dónde alborea, di, sino en ella, que en la cuenca de su río de lágrimas a los soles sumergiéndose la semilla muestra una y otra vez?
De “Umbral en umbral” 1955 Versión de José Luis Reina Palazón Obras completas - Editorial Trota 1999