Con todos los pensamientos me fui fuera del mundo: allí estabas tú, mi sosegada, mi abierta, y- nos recibiste.
¿Quién dice que se nos murió todo cuando se nos quebraron los ojos? Todo despertó, todo comenzó.
Grande vino un sol flotando, radiantes se le enfrentaron alma y alma, claras, imperiosas le presilenciaron su órbita.
Suve se abrió tu seno, silente subió un aliento al éter, y lo que se hizo nube ¿no era, no era forma y a partir de nosotros, no era tanto así como un nombre?
De “La rosa de nadie” 1963 Versión de José Luis Reina Palazón Obras completas - Editorial Trota 1999