Había tierra en ellos y cavaban.
Cavaban y cavaban y pasaba así el día y pasaba la noche. No alababan a Dios que, según les dijeron, quería todo esto, que, según les dijeron, sabía todo esto.
Cavaban y nada más oían; y no se hicieron sabios ni inventaron un canto ni imaginaron un lenguaje nuevo. Cavaban.
Vino una calma y vino una tormenta y todos los océanos vinieron. Yo cavo y tú cavas e igual cava el gusano y aquel remoto canto dice: cavan.
Oh uno, oh nadie, oh ninguno, oh tú: ¿Adónde iba si hacia nada iba? Oh, tú cavas y yo cavo, yo me cavo hacia ti, y en el dedo se nos despierta el anillo.
De “La rosa de nadie” 1963 Versión de José Ángel Valente