El aliento nocturno es tu sábana, la tiniebla se acuesta a tu lado. Los tobillos te roza, las sienes; te despierta a la vida y al sueño, te rastrea en el verbo, en el deseo, en las ideas, duerme con cada una de ellas y te atrae con halagos. Te peina la sal de las pestañas, te la sirve a la mesa, les escucha a tus horas la arena y la pone a tu alcance. Y aquello que era cuando rosa era, sombra y agua, te lo escancia. De “Amapola y memoria” 1952 Versión de Felipe Boso