Tu cabello sobre el mar

Tu cabello sobre el mar

También tu cabello vuela sobre el mar con el enebro dorado. Con él se vuelve blanco, entonces lo tiño de azul-piedra: el color de la ciudad donde al final fui arrastrado hacia el sur… Con jarcias me amarraron Ya cada una ataron una vela y me escupieron Con sus bozos brumosos y cantaron: «¡Oh atraviesa la mar!» Yo sin embargo pinté como una barca mis alas con púrpura y con mi estertor dime brisa y antes que durmieran me hice a la mar. Tus rizos, ahora, debía teñírtelos en rojo, pero me gustan azul-piedra: ¡Ay, ojos de la ciudad, donde caí y fui arrastrado hacia el sur! Con el enebro dorado vuela también tu cabello sobre el mar. De “Amapola y memoria” 1952 Versión de José Luis Reina Palazón Obras completas - Editorial Trota 1999

Tubinga, enero

A la ceguera per- suadidos ojos. Su -«un enigma es manantía pureza»- su recuerdo de flotantes hölderlinianas torres en un vuelo circular de gaviotas.

Visitas de carpinteros ahogados con estas sumergidas palabras:

Viniera, viniera un hombre, viniera un hombre al mundo, hoy, llevando la luminosa barba de los patriarcas: debería, si de este tiempo hablase, de- bería tan sólo balbucir y balbucir continua, continua- mente. («Pallaksch, Pallaksch.»)

De “La rosa de nadie” 1961 Versión de José Ángel Valente

Una hoja sin árbol

Una hoja, sin arbol para Bertold Brecht:

¿Qué tiempo es éste en el que una conversación es casi un crimen porque incluye tantas cosas explícitas?

De “Parte de nieve” 1971 Versión de José Ángel Valente